

o se conoce exáctamente el origen de la sidra, pero según los entendidos la planta de la manzana vino de África, a pesar de que se cree que fueron los árabes quienes nos la hicieron llegar por primera vez. Según otras teorias, aprendimos a hacer sidra a través de los romanos, ya que éstos conocian la técnica. Existe una referencia del siglo I, del romano Plinio, donde se menciona la sidra, al describir un rico manjar, parecido al membrillo, que elaboraban los vascos.
No constan demasiados escritos referentes a la sidra. La referencia más antigua aparece en un diploma entregado por Sancho el Mayor al Monasterio de Leire. En otros del siglo XII y XIII, se mencionan manzanos y sidra. Peregrinos del siglo XV también dejaron por escrito comentarios acerca de manzanos y sidra del lugar. A partir del siglo XVI, las cuestiones referentes a la sidra comienzan a ser regulados a través de Ordenanzas Forales, con el objeto de defender la manzana y sidra autóctonos.
A partir del siglo XVII comienza el declive de los manzanos, así como del consumo de sidra; por una parte, el auge del cultivo del maíz, y por otra, la reducción de la actividad marinera -ya que los marinos eran grandes consumidores de sidra-, fueron las mayores causas. El aumento del consumo del vino que provenía de Álava y Navarra también tuvo su influencia.
Para finales del siglo XIX el manzano autóctono estaba prácticamente desaparecido. Esto conllevó la desaparición de las sidrerías durante el siglo XX: en la decada de los 30, la producción anual de sidra era de 30 millones de litros; en 1967 fue de un millón y cuarto (la más baja de la Historia).
En las últimas décadas estamos viviendo una recuperación de la cultura de la sidra, que disfruta de un auge inusitado. ¡Y que dure!